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Claves para comer (bien) en verano

Tiempo libre, menos dedicación en la cocina, largas jornadas en la playa y en terrazas, últimos minutos ganados a la piscina, … Las actividades en verano se alargan y, sobre todo, cambian los hábitos que mantenemos el resto del año.

Una rutina perdida que, junto al calor que hace que disminuya el apetito, suele derivar en una dieta poco saludable. Yeso, es un error.

Los nutricionistas alertan de que las vacaciones deben cambiar poco las costumbres que cuidamos el resto del año. Lo ideal es mantener la dieta mediterránea y, más ligera y fresca, seguir disfrutando de una comida saludable.

Solemos pecar más de lo habitual a la hora de comer, algo aceptable pero que no debe llevar a olvidar que también es necesario respetar una alimentación equilibrada durante estos meses. Además de hidratarse muy bien -beber  de forma habitual agua, batidos o zumos-, las verduras y hortalizas tienen que seguir incluyéndose en el menú dos veces al día. El calor invita a que sea de forma más ligera y fresca, por eso son bienvenidos el gazpacho, el salmorejo o cualquier tipo de crema o ensalada.

A ello se une la importancia de seguir tomando fruta. El melón, la sandía, las ciruelas o cerezas son los reyes de la fruta en verano. La variedad es enorme y hay que aprovechar esta fruta de temporada.

Pero igual de relevante es consumir alimentos básicos como la carne, el pescado, la leche o los cereales. Seguir fieles a ellos para tener una buena nutrición y evitar, lo máximo posible, los fritos y el exceso de grasa. Es mejor recurrir a cocinados sencillos como la plancha, el vapor, el horno o a la parrilla.

¿Qué evitar en verano?

En verano son muy habituales las comidas copiosas y las largas sobremesas. Y, aunque las reuniones de amigos y familiares invitan a ello, no se debe olvidar que la combinación de exceso de alcohol y grasas, que ralentizan la digestión, no es nada adecuada con un calor cada vez más acuciante.

Pero, sea cual sea el alimento elegido, siempre ha de estar perfectamente conservado. La cadena de frio se rompe con facilidad con las altas temperaturas y los alimentos pueden estar en mal estado sin apenas darse cuenta. Especial atención con pescados y carnes crudas y con el huevo. Preservar la cadena de frío es fundamental para evitar enfermedades posteriores.

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