Miguel Carrero López, presidente de PSN: “Homo Homini Lupus”

Las reacciones humanas ante situaciones límite lleva con frecuencia a comportamientos contradictorios, encontrados y, a veces, extremos. Desde la manifestación de los más sublimes sentimientos humanitarios: solidaridad, empatía, generosidad, exaltación y fortaleza de la familia y de la amistad… hasta la presencia de las más crueles y miserables expresiones: violencia física y psíquica, control extremo y acoso, alineación y violación de los más elementales derechos humanos.

Si terribles e impredecibles son las consecuencias de esta devastadora pandemia, impredecibles son también las reacciones humanas que la acompañan, pudiendo mitigar o agravar sus consecuencias. Arturo Pinedo formula el siguiente axioma: «La evolución positiva o negativa de una situación de crisis está directamente relacionado con las decisiones que se adopten desde su origen a su evolución», certeza que, con carácter general, tristemente estamos comprobando.

Miguel Carrero: “Las personas mayores son las grandes olvidadas”

Entre los terribles efectos, se ha puesto de manifiesto una triste y miserable realidad social y humanitaria, la situación de las personas mayores. Antaño valoradas, consideradas y respetadas en todas las culturas hoy, consecuencia de otra realidad social, pese a ser fuente de conocimiento, experiencia, ayuda familiar y apoyo comunitario, son los grandes olvidados, los trastos viejos que utilizamos cuando interesa y frecuentemente apartamos de la realidad y las relaciones diarias. Considerados una carga, les confinamos en las residencias de tercera edad.

Así, convertidos en un colectivo frágil y vulnerable, desasistido, falto de protección sanitaria, olvidado, recluido y aislado durante esta terrible pandemia, están acusando especialmente una situación emocional y física de soledad que les sume en un estado progresivo de deterioro anímico y físico, llegando incluso a constituir causa fundamental de desinterés por la vida y de muerte prematura. Que no siempre por la infección del Covid-19. 

Esto es lo que estamos viviendo con dramática intensidad, marginación y olvido que si se hubiera dirigido a otros colectivos probablemente estaríamos hablando de eutanasia selectiva. Duda que alimenta alguna nefasta insinuación e incluso indicaciones de ponerles al final de la cola en cuanto a asistencia sanitaria intensiva.

Otro aspecto desgarrador de la soledad y el aislamiento es la brutal muestra de inhumanidad de decidir e imponer el trance de los últimos momentos de la vida en total soledad. Es igualmente extensible a los familiares más íntimos, que no han podido acompañarlos en momentos tan delicados y críticos y dispensarle honras fúnebres con mínima dignidad. No hablemos de la pérdida o ignorancia de los restos mortales de allegados. Hay alternativas más humanas.

¿Hay voluntad? En esta cruda realidad surge un movimiento que, cual intencionado chivo expiatorio, desvía las responsabilidades y demoniza las residencias de la tercera edad, se preconiza a los cuatro vientos la apertura de cientos de expedientes fiscales, se pone el «desinteresado» punto de mira en la propiedad privada, olvidándose que es una actividad regulada sometida a control administrativo que debe de ser garante de su mejor funcionamiento y calidad; actividad sustitutoria o paliativa de una necesidad social de obligación pública, como en el caso de la dependencia, actividad que se ve constreñida por falta de recursos y de financiación pública. 

Si la ausencia de decisiones adecuadas, con el resultado de patéticas cifras de contagiados y fallecidos, si la precariedad de medios en la sanidad nos ha llevado a escandalosa cifras de sanitarios afectados y muertos, todo ello amalgamado con el olvido y la soledad más absoluta, ha ennegrecido y puesto de luto a un sector especialmente delicado y sensible de nuestra sociedad. Es el lado oscuro del comportamiento humano, en contraposición a la solidaridad, a la dedicación y al sacrificio, incluso a costa de la propia integridad, de sanitarios, cuidadores y demás héroes manifiestos en esta triste situación.

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